-Puedo preguntar que ha pasado?
En ese momento ya no pudo contener mas las lagrimas, le resbalaban nerviosas por sus mejillas y caían de cien en cien en el hombro de Diogo.
-Dios, odio cuando lloras, espero que no me mojes.
Leila, se separó de el, y le empujó
-Seras idiota, esta lloviendo, normal que te mojes no?
Con esa pequeña tontería, había conseguido que las lagrimas le parasen de caer, y que por segundos se sintiera tonta y débil .
-Anda, vamos para dentro.
-Le pedirás a Maria que me preparé un chocolate caliente...
-Con azúcar, sí.
-Gracias.
Entonces ahí, ya dejó que el la abrazara por lo hombres y tirara de ella para dentro.
Estaban completamente empapados, cuando entraron Maria les dio dos toallas para que se secasen un poco y les avisó que prepararía una ducha para cada uno, pero Diogo se negó, le pidió que le preparara una a Andreia en el piso de abajo y seis chocolates calientes.
-Seis?
-Sí, han venido unos amigos de visita...
Diogo la miró nervioso, sabia que no podía mentir, pero tampoco decir la verdad.
-Hoy me da igual todo, necesito una ducha caliente.
-Ve.
Y se fue, pasó por debajo de las preciosas escaleras en espiral que conducían al escritorio del padre de Diogo, y se metió en el baño donde estaban Maria y la madre de Diogo
Marta, la preciosa y increíble Marta, no puedes mirarla sin imaginarte a una modelo de revista, perfecta incluso sin maquillaje, cuando camina mueve sus cadenas como se flotara, comos si siempre caminase en una pasarela, aparte de eso, tenia la capacidad de llamar la atención con sus palabras, a Leila le encantaba sentarse con ella por las tardes mientras esperaba que Diogo saliera del ensayo y hablar del pasado, era increíble como contaba su vida, y la manera en que sus palabras te enganchaban desde la primera frase, incluso de la primera coma.
(no os puedo asegurar que la conversación haya sido exactamente así, la conversación fue mas larga, pero los recuerdos se borran...)
-Hola Marta.
-Que te paso preciosa? Un día difícil?
Me ayudó a quitarme la sudadera y la dejó en una caja con mi nombre, no era la primera vez que me duchaba allí, y ni siquiera seria la ultima.Al lado de mi cajita naranja con mi nombre estaba la de Diogo, con una camiseta de Bob Marley.
-Un día bastante difícil.
-Te quedaras a dormir?
-No avisé a mi madre.
-La llamaré yo. Venga te dejaremos para que te asees un poco, ahí tienes una piezas de ropa que iban a ser usadas por las chicas de la semana pasada, pero el proyecto fue cancelado. Pero te agradecería que después me las devolvieras.
-Si no te importa Marta, prefiero que me des el chándal que deje en la habitación de Diogo, para cuando me quedo a dormir. Me sentiría mas cómoda.
-Oh, sí, claro! Como quieras. Te lo dejaremos detrás de la puerta.
-Gracias.
Marta se despidió con un beso en la frente y se marchó, el sonido de los tacones de Marta dejando el chándal detrás de la puerta fue lo ultimo que escuchó Leila, antes de emergerse, en un baño caliente. Maria sabia que le encantaba que llenará la bañera demás y que al entrar desbordara, le hacia sentir que los problemas se marchaban, y por fin estaba en paz.
Os puedo asegurar que mientras estaba envuelta de agua y espuma, pienso, porque siempre lo hace, pero lo que no os puedo decir es en qué, el cerebro no me da para tanto.
Se vistió, se cepillo los dientes con el cepillo naranja que lo había guardado en un neceser hacia pocas semanas cuando se dio cuenta de que comía demasiadas veces allí, se secó el pelo a medias y salió para buscar a Diogo.
Lo encontró en el salón junto a Carla, la mejor amiga de Andreia, Bruno, el hermano de Diogo, Leticia, la actual novia de Bruno, y un chico nuevo.
En la habitación el color blanco era predominante, no porque estuviera pintado de blanco, en realidad estaba pintado de un negro intenso, pero la mesa en el centro de la habitación rodeada por sofás blancos, estaba llena de polvo blanco.

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