Diogo saltó una caracajada
-Creo que te comes la olla demasiado para tener 13 putos años. Ni yo lo hago
-Pero tu eres tu, yo soy de las que se lo piensa mucho..
-Deberías relajarte un poco más, vive la vida... disfrutala.
-Como?
-Mira, te cuento un secreto?
-Cuando no lo haces Diogo?
La sonrisa de Diogo se hizo más grande y sus bonitos ojos brillaron.
-Te explicaré lo que me llamó la atención de los porros.
Esperó a que Leila dijera algo, pero como no lo hizo prosiguió:
-Antes pensaba igual que tú, es malo, hace daño y mata... cuanto más lejos mejor, pero sabes que? La primera vez que me senté en mi sofá viendo como mi hermano se liaba uno delante mía con sus amigos, cuando de verdad los miraba para entender porque lo hacían, me di cuenta de algo.. Lo hacen porque les hace sentir bien, libres, en esos minutos o horas depende de lo que se metan -sonrió- que puede durar el colocón, te sientes la persona más feliz del mundo, sientes que estas disfrutando de tu vida, y los disfrutas al máximo... En ese momentos los problemas no existen, no hay problemas, hay sonrisas, muchas sonrisas y diversión, diversión por un tubo, y con esto no te estoy diciendo que lo pruebas, no..
-Pero mata...
-Y matará no te digo que no, pero y que? vives los años que tengas que vivir, ni uno más, vivir mas joven o menos joven que importa? no será por fumar que vaya a vivir menos años, por esa regla de tres, follar es malo, porque te puede dar un ataque cardíaco follando..
-Pero que dices? jajajaja
-Te juro que sí, si no fuera porque es tan placentero, morirías follando.
-Y tu como sabes eso?
-Leo mucho lo recuerdas?
-Es algo que tenemos en común..
-Tenemos muchas cosas en común princesa.
-Que va yo tu eres guapo, yo...
-También lo eres. Leilita, tienes que empezar a creértelo más, así no vas a ningún lado.
Leila miró la pantalla del móvil, buscando el reloj digital, eran ya las 3 y media de la mañana. Tenia que ir a dormir o al día siguiente no se daría despegado de las sabanas.
Se levantó del sofá, le dio las buenas noches a Diogo, lo acompaño hasta su habitación y después se fue hacia la habitación de invitados, donde Gabi dormía como un niño pequeño.
Leila cogió se volvió a desnudar, y se metió a su lado de la cama, entre las sabanas calentitas.
Hablar con Diogo la relajaba, y siempre le sacaba una buena sonrisa. Esperaba que siempre lo tuviera a su lado.
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