Es extraño como cambian las cosas, primero estas en tu casa, en tu pueblo, en el sitio que mas conoces, y al segundo, al instante estas en una ciudad que te parece enorme que no conoces de nada. Te imaginas sus historias, sus secretos, sus caras bonitas y sus rincones oscuros, te imaginas como seria vivir en un sitio donde nadie te conociera, empezar de cero, es mas te agrada la idea, poder inventarte todo lo que quieras y así empezar la vida que quieres, pero cuando lo vives es distinto, solo quieres volver a ser la de antes y tener los que mas te conocen cercas donde no tienes que fingir nada, donde eres tu misma.
Leila, estaba maravillada y a la vez asustada, le daba miedo pensar en que no encajaría, en que seria el bicho raro y en que llamaría la atención, al ser la nueva.
El verano estaba a punto de empezar y lo que quería hacer no era propiamente cambiar de vida, quería contar los días que quedaban de clases con sus amigos en el patio del instituto, pero eso le parecía imposible ya, eso ya lo veía lejos, imposible quizás.
Mientas subían las maletas apresuradamente hacia su nueva casa se preguntaba que estarían haciendo sus amigos, esos a los que ya echaba demasiado de menos, los imagina en clase de Tecnología, haciendo sus Karts y sus cometas con las que irían competir en breves el día en que las clases se acabarían, los imaginaba riendo, y a los chicos metiéndose con las chicas y la forma en la que decoraban sus cosas, en lo arregladas que iban o incluso contando chistes verdes y machistas de los que todos se reían pero a nadie le tenia gracia de verdad. Durante una milessima de segundo los odio, los odio tanto por saber que ellos se estaban divirtiendo y ella no, pero en seguida se sintió culpable por sentir ese odio, ni ellos ni ella tenían la culpa de lo que estaba pasando, nadie la tenia.
Cuando llegaron arriba nadie se paro a mirar como era el piso, cada uno escogió una habitación, los padres claro esta que la habitación con la cama de matrimonio y pestillo, el hermano la habitación al lado de la cocina y el salón, la pequeña dormiría con Leila , que cogió la habitación con la otra cama de matrimonio con vistas a la calle. No se preocupó en deshacer la maleta, en ese momento lo único que quería era tumbarse en la cama, sin hacer nada de especial, simplemente mirar al techo y mantener la mente en blanco, lo que era prácticamente imposible.
Pienso en verano, como seria un verano lejos de Diogo, podría aguantarlo? No seria lo mismo, de eso estaba segura, y le dolía pensar que no lo iba a ver tanto como habían planeado.
Tenían muchos planes para ese verano, uno de ellos era estar todos los días juntos, y ese ya no iba a ser posible. Las cosas cambiaron, mejor dicho, las cosas estaban a empezar a cambiar.
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