Todo empieza un determinado día de junio, el cual no me acuerdo, Leila cerro con llaves la puerta de su enorme casa. Estaba todo planeado desde hace semana, con felicidad , nervios, ansias, y un puñado mas de emociones contradictorias,Leila, coloco perfectamente, su maleta en el maletero del coche. Todos, menos su hermano parecían contentos y ansiosos por llegar a nuestro nuevo destino. Por fin íbamos a conocer la ciudad donde a partir de ese día seria nuestra nueva "casa".
Se sentó en el asiento trasero del coche, se puso el cinturón y de ahí no se movió; La pequeña Carolina de apenas 3 años ya se había quedado dormida antes de arrancaren. El hermano mayor, miraba atentamente el móvil hasta que este vibraba, un mensaje, dos, tres, cuatro... Pedro contestaba con una velocidad increíble, que ponía nerviosa a su madre, que le reñía pero sin resultado alguno, Pedro hacia oidos sordos y seguía.
Leila estaba en su mundo, el reloj rosa de su muñeca,que le habían regalado una buena amiga, una semana después de que anunciara su partida en el instituto, ella lo agradeció, jamas se olvidaría de ese bonito detalle, pero no fue el único.El reloj marcaban apenas las 6 de la mañana, todo el mundo dormía, era entre semana y todos tenían clase, menos ella, ella ya no volvería a ese instituto, de visita quizás, pero no volvería a estudiar allí eso ya era pasado, desde el momento en que guardo sus cosas;: su ropa, su zapatos, sus libros y sus recuerdos estaban ya en el maletero, todo guardado. Era una especie de "Borrón y cuenta nueva" como decía su padre, que por fin tendría toda su familia cerca y que estaba mas feliz que una perdiz.
Leila, no quería hacer borrón y cuenta nueva, ella no quería dejar atrás todo lo que le había costado conseguir, ¿todo ese esfuerzo para nada?, eso no iba a pasar, sus amigas le habían prometido que seguirían manteniendo contacto y ella había prometido visitarlas el máximo de veces posibles.
Ya casi eran las 6 y media cuando su padre por fin, arranco el coche, con una sonrisa en los labio, su madre les miro para asegurarse que todo estaba perfecto, que no se habían olvidado de los cinturones.
Mirando por la ventana Leila, recordó, todo lo que había pasado en ese pequeño pueblo, el primer novio, el primer beso, las risas con sus amigas, las noches sin dormir que paso junto a su mejor amiga, las fotos, las clases, los recreos en primavera y principios de verano cuando hacían agujeros en las botellas de agua y se mojaban unos a otros, los días en que llegaba empapada a casa por la lluvia, el frió que hacia en el autobús en invierno cuando iba y volvía del instituto, las excusas de tener que hacer trabajos para clase para poder estar hasta las tantas en casa de una amiga, viciando, jugando a las cartas, corriendo por el jardín, paseando a los perros, las veces en que se caía de la bicicleta o cuando simplemente, las tardes con Diogo, en su casa, en su habitación en su cama, tocando el piano aun sin saber hacerlo, la batería y incluso uno que otro acorde de guitarra que le salían sin intentarlo, las veces en que se sentaba en el salón de invitados con Carla, Gabi y Diogo sin hacer prácticamente nada, simplemente hablar de todo y de nada, bebiendo un chocolate caliente echo por la empleada de turno, las peleas de almohadas con Bruno y Claudia, las veces en que de noche, tumbada en la arena de la playa una noche de verano, Diogo le susurraba palabras bonitas al oído, escondidos, mirando las estrellas, contándolas, buscando la que mas brillaba y imaginándose en ese mismo sitio con 30 años mas, con las personas a las que quería cerca, sus hijos y hijas.. Cuando se dio cuenta ya estaba llorando silenciosamente; Eran las 7 y 15, su móvil empezaba a sonar, una, dos ,tres, cuatro, cinco, seis.... doce mensajes..triste llenos de tequieros y te echare de menos, algunos escritos con sentimiento otros por cortesía, al paso del tiempo fue contestando a todos los que iba recibiendo, hasta que Diogo, le dio los buenos días, era ese mensaje el que esperaba, ese era el que en ese momento quería leer, ese era el que importaba. Se apuro en contestar, olvidándose completamente de las demás personas, olvidándose incluso que se estaba marchando, simplemente quería fingir que era un día como otro cualquiera.
"Buenos días principe"
"Que tal has dormido peque?"
"La verdad, no dormí casi nada, mi madre estuvo todo el rato levantando, ya sabes como es tu suegra :)"
"La Maria Dolores , jajjja, pobrecita, lo mucho que trabaja por vosotros y nadie se lo agradece"
"Mítica discucion con mama y mítica ultima frase suya"
"Graciosas jajjaa"
"Sí"
"te echo de menos ya Leila"
"y yo :("
"Te visitare siempre que pueda, te lo prometo"
"Losé"
"Te amo"
"Sabes que yo también <3"
"Eso me hace feliz"
"Vete p'a clase anda"
"Te llamaré cuando llegues, avísame vale?"
"te lo prometo"
"te amo"
"te amo"
Las lagrimas se deslizaban por las mejillas y caían verticalmente en su rodilla, estaba tan cansada, que poco después se quedo dormida.
En ese momento soñó, mas bien recordó, cuando conoció a Diogo, era ambos pequeñas, con 5 años en la playa, llevaba su vestido rosa con flores y Diogo un bañador azul como sus ojos, Diogo le había manchado el vestido con un helado, y como la niña mimada que era empezó a llorar mientras ese niño pequeño, con su helado en la mano le pedia perdón y la limpia con una servilleta, ese día se sacaron su primera foto juntos...
Su madre la desperto bruscamente, ya habían llegado...
Es preciosoo, aver para cuando otra publicacion.
ResponderEliminarUn saludo
Gracias :) intentaré publicar al menos una cada dos dias :)
ResponderEliminarEspero que te siga gustando aajjaj