Y llego el día 10, un jueves, Leila jamás olvidará ese día, sus padres volverían el día siguiente y el domingo se marcharía con ellos de vuelta a Ferrol, y a Carla se les estaban agotando las ideas para entretenerse, así que decidieron quedarse por casa de Diogo, sin duda fue la peor decisión de sus vidas, la mañana pasó tranquila, se pasaron el tiempo tumbados en el jardín y en la piscina, Jhonny se había ido el día anterior por la noche, se fuera de "caza" al parecer la rubia le duró demasiado tiempo, y tenia que ir de caza con urgencia, Gabi también se fuera, tenia un bautizo de un primo suyo y se iban al sur a pasar el fin de semana en familia, así que quedaban Diogo, Leila y Carla.
Por la tarde llegaron Bruno y sus amigos, y las cosas empezaron a complicarse un poco, se reunieron en el salón hablando de todo tipo de cosas, hasta que Bruno se levantó y le dio la vuelta al cristal de la mesa que había en el centro del sofá rodeada de sofás, dejando a la vista, restos de polvos blancos.
Leila sabia lo que significaba eso, y sus mirada se fijo en la de Bruno, que no la miraba, abría un pequeño estuche que le paso Viela con una sonrisa en los labios de oreja a oreja.
-No estarás pensando en...
-Tranquila Leilita, solo un poco.
-Diogo....-suplicó Leila.
-Te acompaño a casa?
-No, me quedo..
El tiempo pasaba muy lento, Leila esperaba la hora en que aquello acabara, Bruno quito del estuche un tubito y lo vació encima de la mesa, con una hoja fue haciendo pequeñas, medianas rayas en la mesa por los bordes, cuando llegaba a una esquina, alguien esnifaba tres, o incluso cuatro rayas y se tumbaba en el sofá, y después iba el siguiente, y así estaban hasta que Bruno se cansaba y esnifaba de golpe seis rayas.
Y Leila miraba, miraba como se iban colocando poco a poco, empezando por estar serios, a volviesen completamente locos, las pupilas dilatadas al máximo, el sudor les resbalaba por la frente y las caras de psicópata aterraban a cualquiera... Se tiraban en el suelo, subían la música, bailaban, discutían y después lloraban.
Leila los dejo allí, y se fue al baño. Llorando llamo a Jhonny suplicándole que viniera a hacerle compañía, le admitió que estaba asustada, que le daban miedo, le lloro por teléfono hasta que Jhonny le aseguró que estaba llegando a casa de Diogo, que lo llevaban en coche.
-En dos minutos estoy ahí, ni mas ni menos. -le prometió, consiguiendo que parara de llorar.
Y entonces un golpe sordo, cristales rotos, gritos.
Leila salió corriendo del baño hacia el salón. Cuando llegó se paro en seco.
La mesa estaba rota, los cristales estaban tirados en el suelo, algunos manchados de sangre.
Las lagrimas empezaron a resbalarse de nuevo por las mejillas esta vez con más rapidez y más fuerza, cada vez le costaba más respirar, le temblaba todo el cuerpo y le daba la sensación de no moverse, como si algo se lo estuviera impidiendo... Intentó a toda costa acercarse a la mesa, un paso, dos, tres... ya casi estas, cuatro....
Y ahí estaba, su cuerpo estaba tirando en el suelo, tenia cortes en la cara y brazos, y uno que otro cristal clavado en las manos. Estaba sufriendo convulsiones, le salia espuma por la boca como se estuviera potando.
Fue la imagen más horrible que vio Leila con sus prácticamente recién cumplidos 13 años.